Martes 14 de Abril de 2026

14/04/2026

"La forma del daño": cuando la realidad supera a la ficción en un hospital

Fuente: telam

Historias que hablan de cómo el retraso, la corrupción y los conflictos de intereses impactan en la atención de los pacientes. Lo cuenta aquí la autora, periodista especializada en Salud

�Medicamentos adulterados? �Una silla de ruedas metálica impactando contra un resonador? �Políticos involucrados en negociados de tratamientos oncológicos? �Suicidios en hospitales?

No es una serie. No es ficción. Todo eso pasó �y pasa� en el sistema de salud.

"La verdad es más extraña que la ficción" es una frase que acompaña a la literatura desde hace al menos un siglo. Nosotros la conocemos como "la realidad supera a la ficción", pero muchas veces incluso "superar" se queda corto.

En los últimos años escribí dos libros destinados a ayudar a pacientes oncológicos y a sus familias: Desmitificar el cáncer y 7 claves para atravesar el cáncer. Pero buscaba un formato distinto: en lugar de entrevistar, chequear y recopilar datos, quise imaginar, crear y contar aquello que, desde mi rol de periodista, muchas veces resulta impublicable.

Así fue como, hace más de tres años, comencé a escribir un libro de "ficción". Ficción entre comillas, porque en este trabajo volqué todo lo que había visto en hospitales: conté lo que presencié sobre la falta de acceso a tratamientos y me inspiré en casos que leí, vi y escuché para construir una historia nueva, policial, con un hospital del conurbano como gran protagonista.

Descubrí que, incluso dentro de la ficción, podía comunicar lo que más me interesa de mi profesión como periodista de salud: el acceso. Esa palabra que dice tanto y que suele aparecer recién cuando hay una necesidad urgente.

El acceso en salud es conseguir turnos médicos a tiempo. Es que la quimioterapia no llegue al paciente noventa días tarde. Es que un turno para una resonancia o una tomografía �necesarias para diagnosticar una enfermedad grave� no demore meses.

También es que un enfermo, o un familiar cercano, no tenga que pasar días viajando o luchando para que la cobertura que tiene �ya sea del Estado, de la seguridad social o de una prepaga� cumpla con su responsabilidad.

Argentina es un país modelo en cuanto a los derechos de los pacientes, pero en la práctica está lleno de trabas, desigualdades y obstáculos, donde el código postal muchas veces determina la calidad de atención que recibirá una persona enferma.

Me anoté en talleres de escritura y más de una vez me fui con lágrimas en los ojos cuando no lograba encontrarle la vuelta. Escuché mucho a mis compañeros, que venían de profesiones alejadas de las letras o del periodismo, pero que, como lectores apasionados, tenían ideas y sugerencias valiosas para aportar. Y de a poco, con más frustración que alegría, fui encontrando el camino para contar una historia exageradamente argentina, pero con resonancias en cualquier país de Latinoamérica e incluso en España.

Imaginé un policial en el que se cruzan dos mundos que conozco bien: el periodismo y la salud. Elegí dos protagonistas que los representaran: una médica residente y un periodista joven que intenta hacerse un lugar en su profesión. Juntos investigan una muerte que solo a ellos les resulta sospechosa. En el camino, se enfrentan a temas como la falta de control sobre los medicamentos, la política mezclada con los negocios y, como escribió la periodista cultural Flavia Pittella en el prólogo:

"Agustina y Marcos trabajan en instituciones que prometen claridad y atención �la medicina y el periodismo�, pero que se ven limitadas por restricciones materiales, jerarquías y presiones políticas. El sistema sanitario promete curación, pero funciona con retrasos, formularios y protocolos que, a menudo, agotan tanto a los pacientes como al personal. El periodismo promete la verdad, pero se rige por la urgencia, los clics y la precariedad. Ambas instituciones se muestran como sistemas que generan puntos ciegos simplemente por funcionar por default, sin posibilidad de innovar ni de registrar lo humano por encima de la burocracia".

Pero, como la realidad supera a la ficción, las noticias también fueron guiando la escritura. En estos días se destapó una red de médicos que robaba propofol y fentanilo para el consumo entre colegas. Una historia que podría parecer sacada de una serie, como The Pitt. Pero el caso argentino, con personajes como Fini, Tati y Mechi, �no la supera? �Una "fiesta del propofol", con médicos residentes consumidores y un colega listo para intervenir ante una apnea, no resulta más extrema que veinte temporadas de Grey's Anatomy?

La realidad es más extraña que la ficción, y lo comprobamos a diario: el fentanilo contaminado que causó más de cien muertes, aún sin justicia; los medicamentos oncológicos adulterados por la llamada "mafia de los medicamentos"; el triple crimen de General Rodríguez vinculado a la efedrina, que durante años fue considerada solo un insumo médico.

La forma del daño es, en definitiva, una novela sobre un sistema lleno de profesionales increíbles que ponen el cuerpo todos los días en una estructura compleja, desfinanciada, a veces corrupta, atravesada por negocios, y donde late �también� una historia policial: la de un crimen con un culpable por descubrir.

* La autora es periodista de salud.

Fotos: gentileza Daniela Hacker.

Fuente: telam

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