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29/12/2025
Fuente: telam
Desde América Latina hasta Francia, la cámara fue utilizada por fotógrafos y científicos para fijar una visión racista sobre las poblaciones no occidentales, marcando la historia visual del siglo XIX
>Desde su aparición en el siglo XIX, la fotografía se convirtió en una herramienta poderosa para documentar el mundo. Pero más allá de su función técnica, también fue un instrumento de poder. En pleno auge del colonialismo europeo, las imágenes capturadas por fotógrafos –profesionales y aficionados– ayudaron a construir una visión del “otro” que reforzaba estereotipos, jerarquías raciales y narrativas de dominación.
En el siglo XIX, Occidente construyó dos figuras del “otro”: el salvaje espacial, vinculado a tierras lejanas, y el humano prehistórico, asociado a un pasado remoto. Estas representaciones se difundieron en revistas ilustradas, novelas, exposiciones universales y museos, consolidando una visión racista que justificaba la exclusión social de los pueblos no occidentales.
En América Latina, esta mirada colonial tuvo continuidad incluso después de la independencia. En países como México, Argentina, Chile, Perú o Brasil, la fotografía se usó para representar a indígenas y afrodescendientes en el marco de los proyectos de construcción nacional. La antropología, que crecía como disciplina científica, se apoyó en la imagen para clasificar y estudiar la “diferencia cultural”. Así, muchos países latinoamericanos se convirtieron en laboratorios visuales donde se buscaba definir tipos raciales y culturales, a menudo desde una perspectiva eurocéntrica.Incluso fotógrafos locales adoptaron esta mirada colonial hacia sus propias comunidades indígenas, como ocurrió en Estados Unidos, Australia, Argentina o Chile. La colonialidad no solo se expresaba en quién tomaba las fotos, sino también en cómo se miraba y representaba al otro.En otras ocasiones, voces diferentes defendían la posible igualdad de las distintas razas, o al menos su capacidad para progresar al considerar que las influencias ambientales, más que la herencia, eran las responsables de la diferencias raciales. Así sucedió con los hombres de la Sociedad de Etnografía Oriental y Americana. En este contexto, la fotografía antropológica se convirtió en una disciplina auxiliar para “probar” la existencia de tipos raciales distintos y estables.
Estas prácticas, aunque hoy nos resultan inaceptables, fueron parte de una lógica colonial que usaba la imagen para clasificar, exhibir y controlar. La fotografía no solo capturaba rostros: construía discursos, jerarquías y fronteras entre “nosotros” y “ellos”.
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Fuente: telam