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CULTURA
07/05/2025
Fuente: telam
Tras 5 años de investigar el impacto de la tecnología, la socióloga Allison Pugh plantea en “The Last Human Job” cómo los avances están transformando de manera negativa a los trabajos que dependen de la empatía y diálogo
De acuerdo con el relato de Pugh, Nash desempeñaba su labor ofreciendo consuelo espiritual a pacientes y familiares en momentos críticos, como la pérdida de un ser querido. Sin embargo, su jornada no solo consistía en brindar apoyo emocional, sino también en registrar cada interacción en múltiples sistemas digitales, algunos de los cuales presentaban fallos constantes. Este proceso, según Pugh, no solo consumía tiempo valioso, sino que también generaba frustración y agotamiento, afectando la calidad del trabajo de Nash. “La lógica industrial aplicada al cuidado espiritual resulta absurda”, escribe Pugh, cuestionando cómo se puede medir el éxito en tareas tan profundamente humanas como ofrecer consuelo.
Pugh sugiere que la pérdida de lo que llama “lazos débiles” —interacciones cotidianas con personas como cajeros, carteros o médicos de atención primaria— podría estar contribuyendo a esta desconfianza. Un ejemplo que ilustra esta idea es el testimonio de una trabajadora postal que, al jubilarse, fue homenajeada por los residentes de su vecindario. La mujer expresó su tristeza no solo por dejar atrás esas relaciones, sino también por la percepción de que este tipo de conexiones se están perdiendo debido a las presiones de tiempo y productividad.
En un artículo del New York Times, la autora expresó su esperanza de que este futuro deshumanizado no sea inevitable. Aunque reconoce los avances extraordinarios de la tecnología interactiva, insiste en que la espontaneidad y la conexión humana siguen siendo esenciales. Según Pugh, si no se valora adecuadamente el trabajo de cuidado ahora, las consecuencias podrían ser evidentes en los momentos más críticos de la vida, cuando la necesidad de apoyo humano es más apremiante.
Fuente: telam